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EL DRAGON DE RETASCON
Artículo publicado en el Heraldo de Aragón el 20 de marzo de 2011
EL DRAGON DE RETASCÓN


    El censo de dragones en la provincia de Zaragoza no es demasiado abultado. La especie imaginaria entró hace ya tiempo en las arenas movedizas donde libran su última batalla las bestias legendarias en peligro de extinción. El paso de los años irá sepultando en el olvido sus andanzas épicas y hasta se enmudecerá el eco del terror con que castigaron a nuestros antepasados. Si entre todos no nos esforzamos por recuperar su memoria, mal pinta la cosa para quienes nos emocionamos con los sueños fabulosos.

    Pero hoy, estamos de enhorabuena. Que yo sepa, hasta este momento nunca se había publicado la menor referencia al dragón de Retascón. Que se asome hoy domingo a las páginas de Heraldo garantiza un seguro de vida para que su recuerdo perdure en la próxima generación. Es verdad que se trata de un dragón agonizante, porque por el momento solo hemos podido salvar las huellas de su existencia, pero quien sabe si algún día cercano la memoria de un abuelo nos obsequia con el relato de su leyenda, es decir, de las quimeras y maldades que protagonizó.

    Todo Retascón se camufla en una inesperada hondonada próxima a Daroca. Estamos en la comarca del Campo de Romanos que siempre tiene su misterio. Tres docenas de vecinos resisten el invierno; al llegar encuentro en la plaza a Román Marzo Sierra, que es pastor y conoce el terreno como pocos.

    "No es fácil, no, llegar a la Cueva del Dragón. Del pueblo estará a unos tres kilométros, pero tiene uno mucho pierde si no se sabe ir. Hay que andar algo más allá de la Cerrada de la Moratilla, lindando con el campo de la Recantera a cuatro pasos si se va por la Laderita. ¿Estamos?".

    De camino, me entero de que Román se dispone a celebrar los setenta y uno y que aún no tenía diez años cuando empezó con las ovejas. Ahora atiende un rebaño de centenar y medio de animales: "Más de cien veces habrá dormido con el rebaño en la Cueva del Dragón. Es un cobertizo natural bien grande, se habrán llegado a refugiar hasta medio millar de reses. La covacha está en el mismo sitio desde que se fundó el mundo, vamos de tiempos de toda la humanidad. Y en el pueblo siempre la hemos llamado como le digo: Cueva del Dragón. Si el animal sigue vivo, por allí no se le ha visto, al menos desde que yo tengo uso de razón. Eso sí, cuando éramos pequeños las madres nos asustaban para que nos portáramos bien: ¡Mira que vendrá el dragón!, nos decían. Y a nosotros hasta se nos cambiaba el color".

    Pisamos terreno escarpado y hay que tener ojo para no dar un traspié y caer por la pendiente. El paraje tiene belleza montaraz, de esa que sabe valorar todo espíritu sensible. Llegamos y ante nosotros se abre una caja de maravillas. Las casas de Daroca se ven a lo lejos, mirando al frente; desde la cueva se dominan kilómetros y kilómetros. "Si, la verdad es que el dragón lo tenía bien para divisar a sus presas. Dicen que si en esta cueva también se refugió el Cid Campeador antes de entrar en Daroca ... ¿ o fue el rey cristino?. Ya no me acuerdo".

    La cueva es útero, misteriosa cavidad biológicamente inerte y, al mismo tiempo, generadora de vida. Línea divisoria entre el mundo terrenal y el más allá, frontera desde la que poder comunicarse con espíritus y diosas, morada de muertos y monstruos... por eso los dragones se refugian en las espelucas, porque se encuentra a sus anchas. Son seres subterráneos que solo de tarde en tarde se dejan ver. Además, los dragones pueblan también las cuevas que perfila nuestro subconsciente, por eso entra dentro de lo posible que, esta misma noche, se le aparezca en sus sueños el dragón de Retascón.